¡IMBÉCIL!


¿Qué vas a ser de mayor?
¡Im – BE – cil! ¡Im – BE – cil!


1.

“Y el gorro, August, que te tape las orejas, ¿me has oído?”

No oye nada,
con el gorro tapándole las orejas.

Y la cartera.


El felpudo.

¡Límpiate los zapatos antes de entrar!
Zapatos con polvo.
¡Polvorones! ¡Navidad!
Pero mira como nadan…

¡Cumpleaños feliz…
Te deseeeamos todos,
¡Cunda el ánimo feliz!


“¡August!”

La madre aprieta los labios.

Mi pequeño Monstruo apoya la mano en la pared.

- ¡”Hola, Monstruito!

“¡Que nos vamos, August!”

Bajar las escaleras deprisa, ¡uno, dos y veintiséis!

El Monstruito baja por la barandilla,
le deja el culo al aire.

- ¿Te vienes a la calle, Monstruito?
- Mejor no, con estas pintas...
- Sí, por favor. Y el gorro, que te tape las orejas…

Salir a la calle.

¡Nieve y graznidos! Mocos y catarros. ¡Achís!



2.

Las casas crujen.

Los dedos pasan frío.

Viento fresquito,
mofletes congelados. Bolas de helado.

Había una vez
un barquito chiquitito.
Tito, tito.


Titubea.
Tubería.
Chapotea, chof. Chapotea, chof.
Charco.

¡Faltan los botes salvavidas!


“¡August, que se te van a mojar los zapatos!” dice la madre.

¡Un, dos! ¡Quieto!
¡Parado!

- Venga, Monstruito. Deja de caminar sobre las aguas! Si no, vendrá Jesucristo y a él se le dan bien algunas cosas. Y la que mejor, ¡esa!
¿Sabe remendar? Se me ha descosido el pantalón…
- ¡Claro que sí! ¡Ya se oye el tintineo de los alfileres en la acera!




La zanahoria te gotea, Don Muñeco Derrite.

Se caen los trocitos de carbón y el sombrero
va directo a la alcantarilla.

El agua se escapa con un barquito de papel.

Al Soldadito le falta una pierna
y la Bailarina se balancea de puntillas.
“¡August!”, le llama la madre.

Uy, el barco se coló por la alcantarilla.

“Ven, August, vamos a subir al cementerio.”

La madre camina con pasos largos.




4.

Entrar por la puerta celestial.
¡Un ángel! ¡Blanco!

Aquí se tumba la señorita Holm.
Las palomas alicaídas.
¡Descansa en paciencia!

“¿Visitamos al Abuelo?” pregunta la madre.
“¡Con mucho gusto!”

El Teniente Coronel Lassen con cruz y el seto recortado.
Mambrú se fue bajo tierra.
Hoy hace frío, ¿eh, Abuelo? Mambrú no viene ya…

“August, ¿quieres ir a por el rastrillo?”

“No, muchas gracias”.
”¡Hazlo de todas formas!” le pide la madre.

¡Qué bien se está aquí! Ahí está el rastrillo.
Rastrillo, mercadillo.

El enterrador está pa’ allá.

- ¡Ojo, Monstruito! Se acercarán los ángeles... ¡No los pises, habría que remendarlos!

El rastrillo muestra los dientes en una sonrisa.

- Hola, Rastrillo. ¿Puedo ir a por ti, por favor?

¿Puedo decir algo?
¿Qué?
Es Dios el que fabrica a todos los ángeles.
¿Seguro? La madre frunce las cejas.
¡Sí, sí! Y a todas las personas del mundo.
¿También a las de África?
Sí, está muy atareado.

La pala ha salido a comer.

¡¿Pones el rastrillo en su sitio?! dice la madre.

¡Pues, claro!

- Adiós, Rastrillo. ¡Válgate Dios!


- Lo de fabricar personas y ángeles, ¿Dios lo hace sin cobrar?
- Sí, sí, Monstruito. De facturas, nada.
- Entonces, ¿por qué no me fabrica unos pantalones nuevos?
- Anda ya, claro que no. No se dedica a remendar monstruos, tiene demasiadas cosas que hacer.
- Pues entonces yo pisaré a los ángeles…

”¡August! ¿Qué haces?” La madre se ha enfadado.
”¿Qué?”
”¡Estás dando patadas!”
”¿No me digas?...”

- Adiós ángeles. Y perdonen la molestia. Recuerdos a Dios. ¡No se pisa a los ángeles, Monstruito! ¿Cómo? ¡Me está hablando...!
- Si los Monstruos no oyen nada, ¡con los gorros que les tapan los oídos!
- Bueno, bueno, se siente.

Salir por la puerta. ¡Amarillo! ¡Flor!
Hace sol, se derrite la nieve.




¡Gatito!
¡Sol!
¡Escalón!

”¡Qué bonito!”

Miau, dice el gatito.
Y caza a un ángel y le arranca las alas.
Ahora Dios tendrá que sacar la máquina de coser.

¿Y por qué pones esa carita, Monstruito?
Se me han descosido los pantalones y tengo un agujero en el bolsillo.
- Pues nada, se lo diremos a Dios.

Volverán las oscuras golondrinas

Colgarán en tu balcón

un ángel sin alas.
Jugando llamarán las ramas
en tus cristales

¡Ramas verdes!

Que Dios las quiere verdes
y el caballo en la montaña.


6.

”August, ¿tienes que hacer pis?”

”Mmm. ¿Me acompañas?”

”No, te espero fuera.”

La madre le espera fuera.

¡CABALLEROS! ¡SEÑORAS!

Bajarse el pantalón. Subirse el pantalón. Bajarse el pantalón…

- ¿Y ese gusanito?
- Estira de los lados, Monstruito, así meará con difusor.

”¿¡¿Sales ya, August?!?”

Es la madre.

Que sí. Bajarse el pantalón y subirse el pantalón…

”Nos sentamos al solecillo.”

La madre sonríe.


7.

Aló, aló, imbécil. ¿Me recibes?
¡August es un imbécil!
¡August es un imbécil!

¿Por qué dicen eso,
los niños que llevan mochilas?
Él lo sabe.
Diferente, deficiente.
Deficiente mental.

Pero ya es la hora de comer.
Abrir la cartera, sacar la fiambrera.
Y la pequeña tartera,
tartera de rojo metal.

Sándwich de jamón y papel de aluminio.
Otro de vegetación.
¡Y dos de cabello de ángel!

- El favorito de los ángeles, Monstruito.
- ¿Ah sí?
- Qué yo sepa, sí.

Ya están aquí de nuevo con sus mochilas...

¡August es un imbécil! ¡August es un imbécil!


8.

¡Lluvia! ¡Chapotea del cielo!
Son los ángeles que están haciendo pis.
Los paraguas parlanchines se mojan.
¡Menos mal que ellos también llevan uno!

”¡Corre, resguárdate aquí!” La madre le meta prisa.
”Ya, ya. Ya voy...”

¡Un perro!
Vagabundo.
Se sacude
y salpica por todos lados.

- Ay, ¿de qué vas, Monstruito?
¡Si tienes los pies negros!
Son chanclos. Los chanclos de la suerte. La suerte es negra.
Más o menos.
Entiendo... ¿Y los ángeles? ¿Llevan botines?
Chanclos... ¿Por qué no?

La calle se inunda
de ángeles y aletas de goma negra
y alas mojadas
Chapotean y chorrean,
mojan y molestan.
Y salpican.
Es el Diluvio Universal, ¡sirven de poco las botas de agua!

La lluvia amaina,
el cielo clarea.
Los paraguas se cierran.
Libran ya.

¡Vamos a tomar una taza de chocolate! ¡Ven! dice la madre.

Chololate con nata.
Uy ¡lo que quema! Sale humo.

¡Pero August, por favor! Ese quién es?

- Nooo, Monstruito, ¿te has traído al perro vagabundo?
¿Cómo se llama?
- Esteban.

”Te presento a Esteban. ¡Es un perro ángel!”




El mercado está lleno.
Toca escabechar las verduras.
Remolachas y cardos.
Pepinos y calabazas.
Y unos tomates verdes.

Hace cosquillas en la nariz
cuando hierve el vinagre.

”Un kilo de patatas.
Y unas pocas cebolletas”, pide la madre.

Los ángeles toman cebolletas todos los días.
Y smacks. Y nubes
de bolsita.

”Augustín, Augustín, ¿qué va a ser de ti cuando yo no esté?”, solloza la madre.

”¿Que qué?”

”Nada...”

Fruta y verdugo. Pero si ella está aquí…


10.

Azul, azul, el cielo tan azul
que te ciega las vistas.
Los ángeles revientan las costuras.
Dios tiene que sacar el hilo y la aguja.

- El bolsillo también tiene un agujero.
- ¿Ah sí, Monstruito? Y los pantalones descosidos. ¡Hay que ver! Ya no se puede criar monstruos. A lo mejor te lo arregla la madre…

¿Tú remiendas descosidos? Mi pequeño Monstruo tiene un bolsillo roto y también…
”¡Lo arreglaremos en casa, August! ¡Y el gorro!”


11.

La niebla se desliza por las calles
entre ángeles con abrigos de color gris.
Parecen fantasmas, los ángeles,
debajo de las farolas.
Faroleros.

¡Una Chica! Gorda. Con cartera de August.
Vale lo que pesada.

”¿Puedo saludar?”
La madre:”Que sí, saluda”.

Los deficientes mentales están esperando el autobús.
Le devuelven el saludo.

Una, dos, ocho castañas.
Dos figuras,
un august y un perro,
si hay suficientes cerillas.

”¡El gorro, August!”

Un puesto de salchichas, ¡hurra!

”...Y otra para llevar.”
”Cómo no? Toma, August.”

El paquetito quema.

”Nos sentamos aquí, vamos a esperar a que se haga de noche.”

La madre se sienta.

”¿Por qué tengo que tomar estas pastillas?”
”Es mejor así, Augustín. Estoy muy, muy cansada.”


12.

Viento frío en la noche.
Pájaros blancos que vuelan.
Cae la nieve, espolvoreado,
los trenes salen a su hora.

Un ángel espera bajo la farola.

Buenas noches, August.
Muy buenas, Ángel.

Ya es tarde, tenemos que ir a casa.
Sí, ¡dios mío, son las mil pasadas!

¿Por qué se hace de noche, madre,
y sopla un viento tan frío?
Escucha al gatito, madre,
maúlla y quiere entrar.
Gaviotas y golondrinas
no tienen donde vivir.
Ay, ¿oyes? ya cantan las estrellas,
me acunan, me hacen dormir.

Atavesar el túnel.
¡Qué oscuro está todo!
¡Adios, Monstruito! ¡Adiós, yo!

Atravesar la oscuridad,
salir a la claridad.
Subir la escala de Jacob,
me sentaré a la mano derecha de Dios
a soñar vivos y muertos.

Los pájaros blancos se van haciendo más pequeños,
al final entran hasta en un bolsillo.

... acogeme en tu seno.